miércoles, 27 de mayo de 2015

Trabajo Práctico N°2

Lugar elegido: Parque Lezama




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MEMORIA:

Recorrido en el Parque Lezama

El Parque Lezama se llama así en memoria de uno de sus últimos dueños privados, el señor Gregorio de Lezama quien, al morir, se lo legó a su esposa quien finalmente decidió venderlo en 1894 a la comuna con la condición que se transformara en un pase público y que llevara el nombre de su marido.
Pero la historia de este parque se remonta a tiempos más lejanos. Incluso, hay quien dice que Pedro de Mendoza fundó la ciudad de Buenos Aires dentro de lo que serían sus terrenos, pero no busco detenerme demasiado en la historia del parque, que es por demás extensa y pintoresca, pero que poco tiene que ver con su realidad actual.
El diseño del “nuevo parque”, es decir, el diseño del parque público, fue realizado por Charles Thays. La Municipalidad compró muchas propiedades situadas en sus alrededores para extender su territorio, y los escombros generados con las demoliciones de dichas propiedades fueron utilizados para darle mayor altura al terreno en su flanco correspondiente a la Avda. Brasil (que a esa altura no es avenida, sino una pintoresca callecita de San Telmo).
Se le han hecho varias restauraciones con el correr de los años: en 1999, en 2007 y, la última entre 2014 y 2015. Al momento de escribir esto, lleva abierto solamente unas pocas semanas, luego de haber estado inhabilitado durante cerca de once meses, durante los cuales le hicieron una “lavada de cara”, para bien o para mal, dependiendo mucho del criterio estético de quien lo mire.
El parque Lezama tiene un topografía peculiar, y vale aclarar que puede parecer casi increíble, pero su pronunciada barranca natural (paralela a Paseo Colón) es parte del mismo accidente natural que puede verse en Plaza Francia y en las denominadas “Barrancas de Belgrano”. Está recorrido en su interior por múltiples senderos y pasajes, que terminan en miradores desde los cuales en algún momento se podía ver el río de la Plata. Hoy en día, esta marcada pendiente se precipita hacia la caudalosa Paseo Colón, por lo que asomarse desde ahí puede dar una sensación de vértigo; la eventual caída hacia una avenida rebosante de camiones y demás vehículos dista mucho de generar aquella sensación de paz que el creador de los miradores ideó en un primer momento.
Pasando a nuestras impresiones personales, paso a hacer un resúmen de nuestras ideas, las cuales escribimos por separado, para luego intentar llegar a una conclusión grupal:
Constanza: “Desde un punto de vista mucho más personal y subjetivo, puedo decir que me crié jugando en sus terrenos; lo asocio a paz, familia, magia y variedades. Una tía mía, quien hoy reside en Mérida (España) comentó con nostalgia al ver fotos de mi hija en el parque: “NUESTRO Parque Lezama! Tres generaciones de Pozzatis hemos empezado a descubrir el mundo en él…” Pues bien, esa sensación de casi propiedad, de pertenencia y de cariño hace que nuestro parque Lezama sea mi elección nata cuando debo elegir un espacio al cual recorrer, ya que lo he recorrido de las formas más diversas, desde visiones y momentos muy variados.
Al Parque lo he disfrutado, lo he sufrido, lo he admirado, he buscado paz en él, y me refugié entre sus estatuas más de una vez, sintiéndome perseguida por los extraños sucesos de una adolescencia álgida y turbulenta. Hoy, de adulta, llevo a mis hijos a jugar allí, veo como miran a la loba romana con una mezcla de temor y respeto, cómo corren buscando descubrir los secretos que de chica yo también descubrí (aunque probablemente se me hayan pasado algunos por alto). Les paso la posta tranquilamente. Ahora es su turno de empezar a descubrir el mundo, lo que no quiere decir que el mío haya terminado, sólo que tal vez mis horizontes sean un poco más amplios que este magnífico parque del barrio de San Telmo.”
Elianne: “Llegar a un lugar conocido y ahora remodelado es como tener el recuerdo borroso de una persona; uno no sabe si esa peca o ese lunar ya lo tenía.
Así fue volver al Lezama otra vez, tras haber estado cerrado para su reacondicionamiento. El día tan límpido y templado ayudaba a caminar por sus sendas. Al paso, las cotorras en sus nidos acompañan desde lo alto con sus chirridos a veces muy intenso. Levantar la vista es llegar hasta lo alto de las palmeras y demás arboles, ahora acompañados de lámparas led igual de altas. Seguir hasta el anfiteatro, y descubrir con cierta tristeza que ya no están las mesas y los asientos de cemento con sus tableros de ajedrez donde jugaban jóvenes y viejos o donde tantas veces tomamos un mate o improvisamos un pic-nic. Quizás las estatuas ya estaban pero antes nunca haba reparado en ellas, y ahora lucen blancas, como puntos destacados en diferentes sectores de la verde inmensidad. El circuito es el de siempre, pero con solados nuevos....y quizás lo mas nuevo es que están limpios. ¿Qué es lo mismo del Lezama anterior? La gente, la que pasea y la gente que allí vive, debajo de un árbol, con su casa a cuesta, con la mirada lejana y la costumbre de mimetizarse en el todo, sin hacerse visible”
Iván: “El pasado jueves tuve la oportunidad de ir a conocer el Parque Lezama ubicado en el barrio de San Telmo. Junto a dos amigas de la facultad y la hija de una de ellas, hice un recorrido de exploración investigando las características más resaltantes de este. A lo largo de la caminata pude documentar varios registros tanto fotográficos como de video y audio para después analizar a mayor profundidad las diferentes impresiones de esta experiencia.     Principalmente, llegué a apreciar lo bien cuidado que estaba el parque. Por información añadida demis compañeras, pude enterarme que este acababa de ser renovado, al parecer en su pasado estaba en condiciones menos adaptadas. A simple vista se podía notar la gran cantidad y variedad de árboles que adjunto a un colorido pasto alimentaban una hermosa apariencia de áreas verdes. El tamaño de estos se articulaba bien con el área de todo el parque, la inmensidad estaba presente en cada tramo que se recorría.  Caminos,  escaleras,  bancos,  postes,  pedestales,  columnas  y  estatuillas  eran  complementos estéticos que formaban entre sí una fusión de atmosferas colonial y de campo elíseo. Sumado a esto, laescala de algunos monumentos y una gran especie de anfiteatro realzaban esta idea de influencia griegaen  cuanto  a  proporciones  exuberantes  de  representación  artística.  De  esta  manera,  se  comenzó  a diferenciar  la  calidad  y  variedad  de  perspectivas  posibles  para  llevar  a  cabo  una  entretenida contemplación del espacio. La armonía se percibía desde cualquier ámbito, a pesar de algunos defectos mínimos como la contaminación de desechos por transeúntes, el hurto de algunas piezas decorativas y la  aún  incompleta  restauración  de  sectores  particulares.  Este  parque  cubre  aproximadamente  un perímetro de seis a ocho cuadras, dato que nos termina de referenciar la amplitud de su área.      Este tipo de lugares recreativos siempre son transitados por todo tipo de personas. Tanto niños que son llevados por sus padres para que jueguen, como ancianos que salen a disfrutar del canto de los pájaros, es gente que evidenciamos asistir como costumbre a este tipo de espacios para disfrutar de sutiempo  libre.  También  pudimos  notar  personas  de  otras  edades  que  van  al  parque  a  practicar  su entrenamiento físico, descansar un rato en la grama, pasear al perro, hasta alimentar a las palomas. Dentro del mismo hay un parque dedicado a los más pequeños, tanto algunas mesas para jugar ajedrez para los de mayor edad. Cabe destacar, que en esta ocasión notamos la presencia de un par de policías que, en sus caballos, aparentaban hacer su vigilia rutinaria. Adicionalmente, alcanzamos a observar una estación para el uso gratuito de bicicletas creada por el gobierno que yacía cerca de una especie de área especial para el cuidado de perros. Ya por última instancia,  topamos con una de las fachadas de un antiguo museo histórico dentro del área del parque al cual lamentablemente no pudimos acceder por cuestiones de la renovación del sitio, pero pudimos apreciar sus dimensiones y parte de su patio dondevimos  unas  campanas,  un  cañón  y  un  tipo  de  pozo antiguo  que  seguramente  corresponden  a  algún contexto histórico del barrio.      Todos estos ambientes dentro del espacio general más los otros detalles descriptivos mencionados anteriormente logran transformar al Parque Lezama en algo más que un sitio para sentarse y ver su verdor,  apunta  hacia  un  concepto  de  espacio  público  integral  donde  se  pueden  hacer  variados recorridos con diferentes opciones para recrearse y contemplar el entorno. Como experiencia propia, considero a esta visita como una prueba del buen entretenimiento gratuito en la capital argentina.”

Conclusiones:
Es llamativo cómo cada uno de nosotros vio algo distinto. El caso de Iván es el más notorio, por ser el único de nosotros que no conocía previamente el lugar y no tenía ninguna referencia vivencial previa. No había emociones aferradas ancestralmente, como en el caso de Constanza, ni un marcado interés por la evolución sociocultural del entorno, como en el caso de Elianne, quien hizo mucho hincapié en cuestiones relacionadas con la gente y la sociedad en relación al espacio. Desde el punto de vista de Iván, el parque es, en presente, sin ningún tipo de pasado más que el que se pueda investigar, pero no vivir, por lo que lo ve tal y como se presenta en este momento de su larga historia. Para Elianne, el parque cuenta cosas, hay relatos que quedan inconclusos o son variados por decisiones externas no siempre correctas. Se presenta demasiado maquillado hoy en día, lo que tiende a ocultar gran parte de su idiosincrasia. Para Constanza, en cambio, el parque muta tanto como su vida, y cada estado de cambio es nuevo y único, y siempre se está descubriendo a la vez que se permite extrañar al anterior, tal como cada etapa de una vida; la de ella o la del parque, siempre en paralelo y casi indivisibles.

Fotos:





























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