MEMORIA:
Recorrido en el Parque Lezama
El Parque Lezama se llama así en memoria de uno de sus últimos
dueños privados, el señor Gregorio de Lezama quien, al morir, se lo legó a su
esposa quien finalmente decidió venderlo en 1894 a la comuna con la condición
que se transformara en un pase público y que llevara el nombre de su marido.
Pero la historia de este parque se remonta a tiempos más lejanos.
Incluso, hay quien dice que Pedro de Mendoza fundó la ciudad de Buenos Aires
dentro de lo que serían sus terrenos, pero no busco detenerme demasiado en la
historia del parque, que es por demás extensa y pintoresca, pero que poco tiene
que ver con su realidad actual.
El diseño del “nuevo parque”, es decir, el diseño del parque
público, fue realizado por Charles Thays. La Municipalidad compró muchas
propiedades situadas en sus alrededores para extender su territorio, y los
escombros generados con las demoliciones de dichas propiedades fueron
utilizados para darle mayor altura al terreno en su flanco correspondiente a la
Avda. Brasil (que a esa altura no es avenida, sino una pintoresca callecita de
San Telmo).
Se le han hecho varias restauraciones con el correr de los años:
en 1999, en 2007 y, la última entre 2014 y 2015. Al momento de escribir esto,
lleva abierto solamente unas pocas semanas, luego de haber estado inhabilitado
durante cerca de once meses, durante los cuales le hicieron una “lavada de
cara”, para bien o para mal, dependiendo mucho del criterio estético de quien
lo mire.
El parque Lezama tiene un topografía peculiar, y vale aclarar que
puede parecer casi increíble, pero su pronunciada barranca natural (paralela a
Paseo Colón) es parte del mismo accidente natural que puede verse en Plaza
Francia y en las denominadas “Barrancas de Belgrano”. Está recorrido en su interior
por múltiples senderos y pasajes, que terminan en miradores desde los cuales en
algún momento se podía ver el río de la Plata. Hoy en día, esta marcada
pendiente se precipita hacia la caudalosa Paseo Colón, por lo que asomarse
desde ahí puede dar una sensación de vértigo; la eventual caída hacia una
avenida rebosante de camiones y demás vehículos dista mucho de generar aquella
sensación de paz que el creador de los miradores ideó en un primer momento.
Pasando a nuestras impresiones personales, paso a hacer un resúmen
de nuestras ideas, las cuales escribimos por separado, para luego intentar
llegar a una conclusión grupal:
Constanza: “Desde un punto de vista mucho más personal y subjetivo, puedo
decir que me crié jugando en sus terrenos; lo asocio a paz, familia, magia y
variedades. Una tía mía, quien hoy reside en Mérida (España) comentó con
nostalgia al ver fotos de mi hija en el parque: “NUESTRO Parque Lezama! Tres
generaciones de Pozzatis hemos empezado a descubrir el mundo en él…” Pues bien,
esa sensación de casi propiedad, de pertenencia y de cariño hace que nuestro parque Lezama sea mi elección
nata cuando debo elegir un espacio al cual recorrer, ya que lo he recorrido de
las formas más diversas, desde visiones y momentos muy variados.
Al Parque lo he disfrutado, lo he sufrido, lo he admirado, he
buscado paz en él, y me refugié entre sus estatuas más de una vez, sintiéndome
perseguida por los extraños sucesos de una adolescencia álgida y turbulenta.
Hoy, de adulta, llevo a mis hijos a jugar allí, veo como miran a la loba romana
con una mezcla de temor y respeto, cómo corren buscando descubrir los secretos
que de chica yo también descubrí (aunque probablemente se me hayan pasado
algunos por alto). Les paso la posta tranquilamente. Ahora es su turno de
empezar a descubrir el mundo, lo que no quiere decir que el mío haya terminado,
sólo que tal vez mis horizontes sean un poco más amplios que este magnífico
parque del barrio de San Telmo.”
Elianne: “Llegar a un lugar conocido y ahora remodelado es como tener el
recuerdo borroso de una persona; uno no sabe si esa peca o ese lunar ya lo
tenía.
Así fue volver al Lezama otra vez, tras haber estado cerrado para
su reacondicionamiento. El día tan límpido y templado ayudaba a caminar por sus
sendas. Al paso, las cotorras en sus nidos acompañan desde lo alto con sus
chirridos a veces muy intenso. Levantar la vista es llegar hasta lo alto de las
palmeras y demás arboles, ahora acompañados de lámparas led igual de altas.
Seguir hasta el anfiteatro, y descubrir con cierta tristeza que ya no están las
mesas y los asientos de cemento con sus tableros de ajedrez donde jugaban
jóvenes y viejos o donde tantas veces tomamos un mate o improvisamos un pic-nic.
Quizás las estatuas ya estaban pero antes nunca haba reparado en ellas, y ahora
lucen blancas, como puntos destacados en diferentes sectores de la verde
inmensidad. El circuito es el de siempre, pero con solados nuevos....y quizás
lo mas nuevo es que están limpios. ¿Qué es lo mismo del Lezama anterior? La
gente, la que pasea y la gente que allí vive, debajo de un árbol, con su casa a
cuesta, con la mirada lejana y la costumbre de mimetizarse en el todo, sin
hacerse visible”
Iván: “El pasado jueves tuve la oportunidad de ir a conocer el Parque
Lezama ubicado en el barrio de San Telmo. Junto a dos amigas de la facultad y
la hija de una de ellas, hice un recorrido de exploración investigando las
características más resaltantes de este. A lo largo de la caminata pude
documentar varios registros tanto fotográficos como de video y audio para
después analizar a mayor profundidad las diferentes impresiones de esta
experiencia. Principalmente, llegué a
apreciar lo bien cuidado que estaba el parque. Por información añadida demis
compañeras, pude enterarme que este acababa de ser renovado, al parecer en su
pasado estaba en condiciones menos adaptadas. A simple vista se podía notar la
gran cantidad y variedad de árboles que adjunto a un colorido pasto alimentaban
una hermosa apariencia de áreas verdes. El tamaño de estos se articulaba bien
con el área de todo el parque, la inmensidad estaba presente en cada tramo que
se recorría. Caminos, escaleras,
bancos, postes, pedestales,
columnas y estatuillas
eran complementos estéticos que
formaban entre sí una fusión de atmosferas colonial y de campo elíseo. Sumado a
esto, laescala de algunos monumentos y una gran especie de anfiteatro realzaban
esta idea de influencia griegaen
cuanto a proporciones
exuberantes de representación artística.
De esta manera,
se comenzó a diferenciar
la calidad y
variedad de perspectivas
posibles para llevar
a cabo una
entretenida contemplación del espacio. La armonía se percibía desde
cualquier ámbito, a pesar de algunos defectos mínimos como la contaminación de
desechos por transeúntes, el hurto de algunas piezas decorativas y la aún
incompleta restauración de
sectores particulares. Este
parque cubre aproximadamente un perímetro de seis a ocho cuadras, dato que
nos termina de referenciar la amplitud de su área. Este tipo de lugares recreativos siempre son
transitados por todo tipo de personas. Tanto niños que son llevados por sus
padres para que jueguen, como ancianos que salen a disfrutar del canto de los
pájaros, es gente que evidenciamos asistir como costumbre a este tipo de
espacios para disfrutar de sutiempo
libre. También pudimos
notar personas de
otras edades que
van al parque
a practicar su entrenamiento físico, descansar un rato en
la grama, pasear al perro, hasta alimentar a las palomas. Dentro del mismo hay
un parque dedicado a los más pequeños, tanto algunas mesas para jugar ajedrez
para los de mayor edad. Cabe destacar, que en esta ocasión notamos la presencia
de un par de policías que, en sus caballos, aparentaban hacer su vigilia rutinaria.
Adicionalmente, alcanzamos a observar una estación para el uso gratuito de
bicicletas creada por el gobierno que yacía cerca de una especie de área
especial para el cuidado de perros. Ya por última instancia, topamos con una de las fachadas de un antiguo
museo histórico dentro del área del parque al cual lamentablemente no pudimos
acceder por cuestiones de la renovación del sitio, pero pudimos apreciar sus
dimensiones y parte de su patio dondevimos
unas campanas, un
cañón y un
tipo de pozo antiguo
que seguramente corresponden
a algún contexto histórico del
barrio. Todos estos ambientes dentro
del espacio general más los otros detalles descriptivos mencionados
anteriormente logran transformar al Parque Lezama en algo más que un sitio para
sentarse y ver su verdor, apunta hacia
un concepto de
espacio público integral
donde se pueden
hacer variados recorridos con
diferentes opciones para recrearse y contemplar el entorno. Como experiencia
propia, considero a esta visita como una prueba del buen entretenimiento
gratuito en la capital argentina.”
Conclusiones:
Es llamativo cómo cada uno de nosotros vio algo distinto. El caso
de Iván es el más notorio, por ser el único de nosotros que no conocía
previamente el lugar y no tenía ninguna referencia vivencial previa. No había
emociones aferradas ancestralmente, como en el caso de Constanza, ni un marcado
interés por la evolución sociocultural del entorno, como en el caso de Elianne,
quien hizo mucho hincapié en cuestiones relacionadas con la gente y la sociedad
en relación al espacio. Desde el punto de vista de Iván, el parque es, en
presente, sin ningún tipo de pasado más que el que se pueda investigar, pero no
vivir, por lo que lo ve tal y como se presenta en este momento de su larga
historia. Para Elianne, el parque cuenta cosas, hay relatos que quedan
inconclusos o son variados por decisiones externas no siempre correctas. Se
presenta demasiado maquillado hoy en día, lo que tiende a ocultar gran parte de
su idiosincrasia. Para Constanza, en cambio, el parque muta tanto como su vida,
y cada estado de cambio es nuevo y único, y siempre se está descubriendo a la
vez que se permite extrañar al anterior, tal como cada etapa de una vida; la de
ella o la del parque, siempre en paralelo y casi indivisibles.
Fotos:























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